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El Cuidado y la Atención Correcta Para Con Otras Mujeres PDF  Array Imprimir Array  E-mail

Después de la publicación en el 2006 del artículo “8 Cosas Odiosas que Nos Hacemos Las Mujeres”, recibimos cartas de un número significativo de mujeres que nos contaban sus historias de terror acerca de cosas odiosas que sufrieron de manos de otras mujeres. Traición, envidia, ofensas, irrespeto y pura maldad femenina resaltaba en cada historia.  La única diferencia era la ubicación geográfica de cada incidente, pero tanto las perpetradoras como sus víctimas eran igualmente mujeres.  Al final de su nota una mujer hizo esta pregunta provocativa: ¿Acaso nunca nos llevaremos bien? ¿Podremos las mujeres ponerle fin a este ciclo de odio?

Después de la publicación en el 2006 del artículo “8 Cosas Odiosas que Nos Hacemos Las Mujeres”, recibimos cartas de un número significativo de mujeres que nos contaban sus historias de terror acerca de cosas odiosas que sufrieron de manos de otras mujeres. Traición, envidia, ofensas, irrespeto y pura maldad femenina resaltaba en cada historia.  La única diferencia era la ubicación geográfica de cada incidente, pero tanto las perpetradoras como sus víctimas eran igualmente mujeres.  Al final de su nota una mujer hizo esta pregunta provocativa: ¿Acaso nunca nos llevaremos bien? ¿Podremos las mujeres ponerle fin a este ciclo de odio?

Cualquier buen terapeuta te podrá decir que no puedes cambiar lo que no enfrentas.  Esto quiere decir que primero tenemos que llamar  las actitudes odiosas por su nombre.  Esa fue la intención del artículo.  Pero ahora que sabemos cómo se ve la odiosidad y cómo se manifiesta, también tenemos que hacernos la siguiente pregunta: ¿Somos las mujeres odiosas por naturaleza?”

Lo cierto es que por tanto tiempo hemos competido unas con otras por hombres, ropa, cabello, la oficina de la esquina, que hemos llegado a ver la odiosidad y la agresión entre mujeres como algo normal. Pero no lo es.  Algo anda mal  con una cultura en la cual las mujeres gastan cientos de dólares comprando revistas que publican artículos  e historias acerca de cómo atrapar a un hombre, cómo mantenerlo feliz en la cama, o cómo complacerlo.  Como si no fuera suficiente, somos programadas desde pequeñas para creer que nuestra única misión en la vida es la de mantener complacidos a los hombres, cueste lo que cueste.

Sin embargo le ponemos poco interés a aprender a cuidar, nutrir y animarnos entre mujeres.  Si bien es cierto que las mujeres somos cuidadoras por naturaleza, ¿por qué será entonces que es socialmente natural que la mujer cuide de los hombres  de los niños y niñas, pero no de otras mujeres? Es debido a esta ambigüedad  que las mujeres ahora tenemos que re-aprender, o quizás auto-enseñarnos a cuidar de otras mujeres.  La única forma en que las mujeres podremos romper el ciclo de odiosidad entre nosotras es haciendo esfuerzos conscientes para fortalecer a otras mujeres.

El ciclo femenino de la odiosidad o la agresión relacional entre las mujeres no tiene que perpetuarse.  Cuando las mujeres individualmente empecemos a comprometernos con el cambio, el odio podrá ser erradicado de nuestras relaciones.

Existen tres principios básicos para romper el  ciclo.  Primero tenemos que dejar de ver a cada mujer como nuestra rival.  Este mundo es lo suficientemente grande para que todas podamos mantener nuestra individualidad y vivir en paz  Segundo, también tenemos que crear y unirnos a círculos de hermandad, no compinches, pero lugares seguros en donde las mujeres nos sintamos con la libertad de descargar y ser genuinas.  Tercero y más importante, tenemos que tomar decisiones conscientes para reemplazar el odio con lo agradable, amable, compasivo y la  empatía.  Esto quiere decir que tanto en nuestras decisiones como en nuestras interacciones necesitamos empezar a respetar, enaltecer y alentarnos unas a otras.  Podemos aplicar este tercer principio de las siguientes maneras:

Respetar: Necesitamos asegurarnos de no sobrepasar los límites que demarcan el territorio de otra mujer- particularmente en cuanto a hombres.  Nuestro lema debe ser: “No le haré a ella lo que no me gustaría que ella me hiciera a mí”.  Esto significa que tú no puedes ser la mejor amiga de su esposo o novio y esperar que ella no se moleste al respecto.  Ella debe sentirse molesta porque estás irrespetando sus límites.  No importa cuán inofensivo tú y él insisten que es la relación, y cuán insegura dices que ella es, toda mujer que ha traicionado a otra mujer con su hombre te podrá decir que todo empieza con el flirteo inocente.

Enaltecer: Necesitamos escoger enaltecer a otras mujeres en lugar de degradarlas.  Vivamos bajo el lema: “Si es mujer, es mi hermana aunque no lo quiera ser.” Esto significa que debemos ser cuidadosas en cuanto a cuán rápido juzgamos a otras mujeres.  Necesitamos estar pendientes de las cosas que decimos acerca de ella, o lo que permitimos que se diga sobre ella en nuestra presencia y en ausencia de ella.  Esto requiere de honestidad, una cualidad que muchas veces falta en las relaciones entre mujeres.  Si algo acerca de su actitud nos molesta entonces necesitamos ser honestas y aclararlo con ella. Debemos ponerle final al juego de “yo le digo a Shana para que le diga a Lara para que se entere su hermana Joanna, a quien realmente iba dirigido el mensaje”. Chismear y difundir rumores acerca de las fallas de otras mujeres nos da un falso sentido de poder.  Es falso porque la vida es incierta y es posible que en algún momento nos encontremos en circunstancias similares si no exactas a las que ella hoy enfrenta.

Alentar: Tenemos que dejar de encontrar debilidades, defectos y manchas en el éxito y los logros de otras mujeres.  Parece que siempre hay una mujer que puede agregarle un “pero” cuando escucha que a otra mujer le va bien en la vida, el negocio o el amor.  Es un desprecio sutil utilizado a menudo por las mujeres.  O pueda que recurrimos a un silencio de censura, e ignoramos totalmente sus logros.  Somos capaces de saludarla y hablarle de todo excepto sus últimos éxitos—a pesar de que la noticia ha estado en primera plana en nuestro círculo social. Retener o negar el aplauso es otra forma de desprecio.  Practica ofrecer cumplidos cuando y donde sean apropiados.  Haz un esfuerzo intencional por enviarle un correo electrónico, comprarle una tarjeta, visitarla personalmente—simplemente alentarla por sus éxitos.  No te quitará nada, no te humillará, de hecho te pondrá sobre un camino más alto de restauración en la creación de relaciones positivas con otras mujeres.

® Derechos reservados 2007 por Norka Blackman-Richards

Traducción al español por Dinorah Blackman-Williams.  Para consultas sobre traducción o la compra de sus libros, usted puede contactar a Dinorah por su correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Articulo original escrito por Norka Blackman-Richards. Norka es educadora, escritora, esposa de pastor y popular conferencista (en ingles y español) sobre temas referentes a la mujer. Ella es la presidenta de 4Real Women International – una organización que provee programas para ayudar a mujeres alrededor del mundo a auto-superarse. Usted puede contactarla acerca de sus servicios, y para la publicación GRATUITA de estos artículos,  por su correo electrónico: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

 

 

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